Fueron seis horas de pura tensión entre la reunión de la mesa política en Casa Rosada y el ingreso formal del Presupuesto 2027 a la Cámara de Diputados. En ese lapso, el ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo, tuvo que afinar hasta el límite una de las variables más sensibles para las aspiraciones del Gobierno: la inflación para el próximo año electoral.
Según aseguran fuentes cercanas a la negociación, hubo una corrección de último minuto motivada por el temor político de mostrar una cifra superior a la barrera psicológica del 20%.
La cronología del martes expone las idas y vueltas. A las 16:10, Presidencia comunicó oficialmente que Caputo había presentado una inflación promedio del 21,1%, un crecimiento del PBI del 4% y un dólar promedio de $1.728 para 2027. Sin embargo, a las 22:10, el texto que finalmente entró al Congreso marcaba un escenario distinto: la inflación se clavó en un 18% «punta a punta», y el dólar nominal para diciembre quedó calculado en $1.847,60.
«Ganó la pata política, que se asustó con un dato mayor a 20 en pleno año electoral. Toto estuvo afinando los números hasta el límite. No te sorprenda que salte alguna inconsistencia. En esta hay que darle la derecha a Toto, que transpiró sangre», relató una alta fuente del oficialismo sobre la acalorada discusión.
Desde el Congreso, sin embargo, intentan calmar las aguas y ofrecen una justificación estrictamente técnica. Afirman que no hubo un retoque arbitrario, sino que son dos mediciones que conviven: el 21,1% sería el promedio anual (que incluye el arrastre estadístico de 2026), mientras que el 18% es la inflación «punta a punta» (la variación exacta de diciembre a diciembre).
La «licuadora» y el FMI Más allá de las tecnicismos, la discusión expone por qué el número inflacionario no es menor. Subestimar la inflación en la ley de leyes es el engranaje principal de la «licuación» del gasto público. Si los precios reales superan el 18% estipulado, la recaudación del Estado sube al ritmo de la inflación, pero las partidas de gasto que no tienen actualización automática quedan congeladas en pesos. Esa diferencia facilita el superávit fiscal que obsesiona al Gobierno.
Pero el trasfondo también esconde un golpe de realidad. El plan original libertario apuntaba a un utópico 10% de inflación para este ciclo. El Fondo Monetario Internacional (FMI) viene presionando fuerte para que el Ejecutivo presente proyecciones macroeconómicas y fiscales más realistas que generen credibilidad en los mercados. Tanto el 18% como el 21% evidencian que al Gobierno le costará más de lo esperado derrotar por completo la inercia inflacionaria.




