En un cierre a puro descontrol en el estadio Madre de Ciudades de Santiago del Estero, Rosario Central derrotó a Estudiantes de La Plata por 3 a 1 y se alzó con la Supercopa Internacional. Lo que debía ser una fiesta deportiva terminó empañado por una batalla campal entre los jugadores, fallos arbitrales discutidos y un clima de máxima tensión institucional.
El arranque fue favorable para el «Pincha». Al minuto de juego, Alexis Castro empujó un centro bajado por Guido Carrillo para el 1-0 parcial. Sin embargo, el equipo platense sufrió un inicio accidentado con las salidas por lesión de Gabriel Neves —retirado en ambulancia— y de Jalil Elías. A los 23 minutos, Ángel Di María frotó la lámpara y de tiro libre, con cierta complicidad del arquero Fernando Muslera, colgó la pelota del ángulo para el empate.
La primera gran polémica llegó sobre el final del primer tiempo. Enzo Copetti cayó en el área tras un cruce con Leandro González Pirez. A instancias del VAR, a cargo de Jorge Baliño, el árbitro Darío Herrera revisó la jugada y sancionó un penal muy discutido. Di María no perdonó y dio vuelta el marcador.
En el complemento, Estudiantes empujó sin demasiada claridad y sumó otra baja sensible por una molestia de Carrillo. Las controversias arbitrales continuaron: las autoridades omitieron una posible expulsión por doble amarilla a Elías Verón tras una fuerte infracción sobre Adolfo Gaich, y luego desestimaron revisar una presunta mano en el área de Ignacio Ovando, de Central.
El desenlace fue explosivo. En la última jugada, Muslera fue a buscar el empate en un córner, Central salió de contragolpe y Julián Fernández selló el 3-1 con el arco vacío. El festejo desató una gresca generalizada, con corridas y golpes de puño que impidieron el pitazo final formal de Herrera. En medio del caos, el presidente de Estudiantes, Juan Sebastián Verón, ingresó al campo y encaró directamente al árbitro: “Toda tuya”, le recriminó.
El escándalo se trasladó a la entrega de medallas. El presidente de la AFA, Claudio «Chiqui» Tapia, decidió no subir al escenario durante la premiación al plantel de Estudiantes, haciéndose presente únicamente cuando fue el turno de los árbitros y del flamante campeón, Rosario Central.




