La herida de la final del Mundial 2026 en Nueva York frente a España todavía está fresca, pero en los pasillos de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) ya se juega otro partido, quizás igual de trascendental: retener a Lionel Scaloni. A pesar de que el entrenador dejó la puerta abierta a una posible salida tras cumplir su contrato, en la dirigencia sobra optimismo.
El plan de la entidad madre del fútbol argentino es claro: cero presión. Las conversaciones formales están en pausa por decisión estratégica. Desde la cúpula de la AFA entienden que es un error apurar al de Pujato. Prefieren darle aire, dejar que baje la inmensa intensidad emocional de los últimos meses, y recién ahí sentarse a trazar los mapas del futuro.
El desafío del «Día Después»
El principal obstáculo para la renovación no tiene nada que ver con el bolsillo ni con las cláusulas contractuales, sino con la nafta. La pregunta es si Scaloni tiene el nivel de energía personal necesario para encarar lo que viene.
La salida de Lionel Messi no es un detalle más: marca el cierre definitivo del ciclo más exitoso de la Selección en décadas. Sin el as de espadas en la cancha, el equipo se enfrenta a una etapa de transición brutal.
La dirigencia es consciente de la magnitud del reto. El nuevo funcionamiento colectivo tendrá que aprender a soltar la dependencia de una figura única para apoyarse en el conjunto. Y para pilotear esa transformación, que exigirá un desgaste físico y mental gigante, en la AFA tienen un solo nombre en mente: Lionel Scaloni.




